Las nuevas generaciones se relacionan con la comida de otra manera.
Cocinan menos, dudan más y arrastran prejuicios: precio, dificultad, espinas o
desconocimiento.
La campaña partía de una idea sencilla pero potente:
comer puede ser fácil, rápido, sano y apetecible, incluso en Navidad.
Mi trabajo fue traducir ese concepto a un lenguaje visual claro, directo y actual, alineado con
los códigos que consume el público joven.